La casa de Adolfo Harris tiene 325 m2 de superficie total distribuidos en tres plantas. Las facturas de gas, agua y luz de mayo llegaron con aumentos de hasta 290% por la quita parcial de subsidios y los ajustes tarifarios que anunció el Gobierno en marzo. Harris gastaba por mes $ 95 hasta que llegó el resumen con el ajuste; este mes pagó $ 119 de electricidad que consumen una heladera, un freezer, un microondas, un lavarropas, dos televisores LED, una laptop y tres aires acondicionados frío/calor (de 3000 frigorías) que en invierno compensan el trabajo de dos estufas tiro balanceado de 8000 calorías. Todas las lámparas que usa son bajo consumo.

Además, el dueño de casa destina 88 pesos por mes al consumo de gas, $ 48 más que antes, sólo por usar el horno y dos calefactores (que casi no enciende), y $ 307 ($ 125 el mes pasado) de agua cada treinta días.

Salvo en la factura de AySA, que refleja un importe fijo imposible de reducir porque en la ciudad ese servicio no se mide (se cobra proporcionalmente a la superficie de la vivienda y la zona en la que está localizada), Harris busca reducir el consumo usando cada vez menos los electrodomésticos.

La situación financiera del propietario del inmueble en Colegiales podría ser diferente si en vez de ladrillo y cemento, el arquitecto que diseñó la propiedad hubiera usado poliestireno expandido (paneles de EPS) para levantar las paredes. Esta construcción no convencional permite ahorrar hasta 75% de energía comparado con una edificación común. El estudio CCArquitectas estima que una pared de ladrillos pierde hasta 3,2% de energía por m2 mientras que una construida por dos mallas de acero electro soldadas y una placa central de EPS filtra apenas 0,5% por m2. La estructura aíslan los ambientes del frío en invierno, y repele el calor en verano.

“Usamos estos insumos en construcciones nuevas porque son sustentables y nos permiten ejecutar los proyectos en hasta 30% menos de tiempo que con materiales convencionales”, dice Carolina Cassino, de CCArquitectas. La especialista recomienda usar paneles EPS porque “el acondicionamiento térmico es menor, lo que contribuye al ahorro”.

Según Cassino, al acortar los tiempos de construcción también se reducen los costos directos e indirectos de la obra. A diferencia de lo que pasa con los electrodomésticos eficientes, los sistemas de generación de energías verdes y las lámparas bajo consumo, en este caso la inversión es más baja desde el inicio. El precio de construcción tradicional no baja de $ 16.000 (US$ 1100) promedio por m2, mientras que el costo con el sistema de paneles es 25% menor ($ 12.000 o US$ 850).

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La colocación de al menos ocho módulos solares como principal fuente de generación de energía, que debería estar en el techo de cualquier propiedad, contribuiría a un ahorro monetario de hasta 80% en las facturas de luz y de gas. La energía solar es capaz de motorizar el funcionamiento de un termotanque especial que distribuye agua caliente y consume entre 30% y 50% menos que uno común. También puede usarse como motor para hacer funcionar un sistema de calefacción integral por radiadores que ahorraría entre 40% y 80%. Lo mismo ocurriría si se usa otro de loza radiante.

Sungreen, una empresa nacional que fabrica y vende equipamiento para generar energías verdes, ofrece artefactos que ayudan a reducir el consumo de energía y, en consecuencia, de dinero en las facturas. Termotanques solares, paneles fotovoltaicos (electricidad e iluminación), sistema dual para calentar agua y aclimatar ambientes y aero-generadores de energía eólica son algunas de las soluciones para bajar hasta 70% los gastos.

El retorno de la inversión inicial en estos sistemas domésticos que trabajan con la ayuda de la luz solar o el viento están calculados por Sungreen. Julián Tuccillo, director de Tecnología en Innovación de la empresa aclara que comprar este tipo de artefactos es siempre más costoso contra los convencionales, pero la clave está en medir en cuánto tiempo se recupera el dinero. “Un termotanque conectado a módulos solares cuesta hasta 40% más y la inversión se recupera en dos años”, indica Tuccillo.

Cuando los paneles fotovoltaicos se instalan en zonas rurales, áreas alejadas de la energía eléctrica de red, la inversión es 100% superior cotejada con la de, por ejemplo, otros sustitutos como son los grupos electrógenos (uno de 6500 vatios cuestan alrededor de $ 30.000). En cambio, en zonas urbanas ese mismo sistema cuesta unos $ 100.000 (US$ 7000). “El retorno de la inversión para una casa en el campo está calculada en dos años y medio, pero para una en la ciudad se estima entre cuatro y nueve años, dependiendo de la legislación provincial que exige y regula el uso de energías alternativas”, aclara el director de Tecnología en Innovación de Sungreen.

Rodrigo Herrera Vegas, cofundador y CEO de Sustentator, emprendimiento de un grupo de jóvenes argentinos, coincide con Tuccillo. Según sus cálculos, un termotanque solar de 200 litros consume hasta 80% menos de luz respecto a uno tradicional. Y a esa diferencia hay que sumarle el precio de venta al público, o, mejor dicho, restarle. Sustentator lo comercializa a unos $ 9400 (US$ 550 + IVA), mientras que uno eléctrico cuesta en el mercado local $ 14.000 promedio. “La inversión en un módulo solar doméstico para sustituir el gas de red se amortizaba en 17 años con las tarifas de septiembre. Con los últimos incrementos el tiempo de recupero de la inversión es notablemente menor: varía según la zona geográfica y el consumo promedio”, analiza el co-fundador y CEO de Sustentator, empresa capaz de instalar un sistema de calefacción por loza radiante o radiador de agua que se alimenta de energía solar. “Son equipos presurizados que cuestan $ 22.300 (US$ 1290 + IVA, el doble que uno termosifónico), pero permiten un ahorro del 50% en invierno. Y como su consumo es estacional, en el verano se puede usar, por ejemplo, para climatizar una piscina”, dice Herrera Vegas.

El consejo de este ingeniero es instalar un equipo de estas características, con termotanque incluido, cada 100 m2. Harris, por ejemplo, necesitaría tres. El único costo adicional a la inversión es el de su instalación, de $ 5200 promedio (US$ 300 + IVA), simplemente porque requiere una reforma edilicia pequeña.

Aunque ya no se fabriquen más los focos incandescentes en el país y exista una ley que exige su recambio por lámparas bajo consumo, no todos los hogares argentinos las usan. En épocas de inflación y suba de tarifas, es recomendable colocarlas para achicar el gasto. Germán Fiocchini, gerente de marketing de la división Iluminación de Philips para el Cono Sur, explica que la reducción en el consumo está relacionada con el índice de recambio. “Una lámpara LED dura entre 10 y 15 años y consume 90% menos que una convencional”, explica. Harris colocó focos halógenos en toda su casa, si no lo hubiera hecho hoy recibiría facturas de luz de $ 159 mensuales en vez de la de $ 119 que acaba de pagar.

Ahorrar desde los cimientos

La forma de construir o calefaccionar la casa permiten anticiparse a las facturas

Construcción

Los distintos materiales de las viviendas son variables de las que depende, entre otras, el ahorro de energía. De acuerdo con especialistas, los muros de ladrillos y cemento filtran 3,2% de la energía por m2. En cambio, el poliestireno expandido (paneles de EPS) permite construir de una forma no convencional, que filtra 0,5% por m2.

Paneles solares

Ocho módulos solares sobre el techo de cualquier propiedad, permitiría reducir las facturas de luz y gas en un 80%. Con la energía generada a partir de los rayos de sol, es posible calentar agua para el uso doméstico, y disminuir entre 30% y 50% el consumo. Igualmente, permite reducir el gasto entre 40 y 80% con una calefacción por radiadores.

El campo vs. la ciudad

El lugar donde se localice la casa, y su demanda, es decisivo para analizar gasto y amortización. Por ejemplo, la instalación de paneles fotovoltaicos en sitios lejanos a la red son más caros que los grupos electrógenos que, no obstante, es más costoso mantener. Pero el retorno de la inversión es anterior al de una vivienda urbana.

A cambiar las lamparitas

En las góndolas conviven los focos halógenos ($ 40, similares a los incandescentes), que ahorran hasta 30% de luz; las de tecnología fluorescente ($ 70, conocidas como de bajo consumo) que usan hasta un 60% menos de energía eléctrica y las de LED (99 pesos).

Estas últimas, las lámparas más caras, tienen una duración de entre 10 y 15 años. Ante el cambio de tarifas, el gasto vale la pena, ya que consumen 90% menos.