La tecnología promete hacer realidad la quimera de poner en órbita una planta solar, molinos a 5 mil metros de altura o aprovechar el trabajo de las bacterias.
Si el pasado de la energía ha estado en el subsuelo o en lo más escondido de la materia, su futuro bien puede depender de fuentes que siempre estuvieron ahí pero que no había forma de aprovechar. Algunas habrá que buscarlas muy arriba.
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